Mostrando las entradas con la etiqueta Rencor. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Rencor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de febrero de 2008

Pondré en el balance de la noche, "mis rencores", y con el Señor, trabajaré para acabarlos.

Una meditación que llego a mis manos, si te hace reflexionar o quieres compartir algo adelante.

Perdonen y serán perdonados.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

Meditación
El Evangelio me pide compasión y misericordia para con el prójimo que por alguna circunstancia me ofenda… Y es que una ofensa no se resuelve con otra. La única y verdadera solución es la caridad. Pero una auténtica caridad que no se frena por prestigios ni prejuicios, una que tenga como verdadero y único fin, el amor que construye el Reino de Cristo. ¡Qué difícil es lograr un equilibrio que realmente manifieste el mensaje de compasión que hoy nos pide el Señor! A veces, nos puede mover sólo el afán de “quedar bien” y por ello toleramos los agravios o bien, mientras que el corazón se va endureciendo con los juicios que no facilitan el perdón, andamos condenando a los demás y “arreglando el mundo” como si nos asistiera una autoridad irrefutable.

Cuando la caridad no se trabaja, nos convertimos en jueces del prójimo y condenamos como si nos asistiera ese derecho. Jesucristo nos vino a enseñar lo que es el amor y cómo se ama; allí está la medida, ese es nuestro parámetro. ¡Cuántas veces, Señor, me has perdonado! ¿Por qué, entonces, yo me empeño en rencores, en resentimientos, y corto la corriente del amor entre tus miembros, no perdonando? La dureza y la intransigencia amargan el alma, mientras que la apertura al perdón y el hecho de perdonar la liberan. Acabemos esta Cuaresma con la amargura, desatemos de una vez los amarres de la enemistad y vivamos la paz y la libertad que Jesucristo nos mereció.